Por qué es tan difícil ver su propio departamento jurídico con claridad

Si ha rellenado alguna vez un cuestionario de autodiagnóstico —el nuestro o cualquier otro— probablemente le pasó algo curioso: contestó con sinceridad, y aun así, cuando alguien de fuera revisó lo mismo, encontró cosas que usted no había visto. No es un fallo suyo. Es un patrón documentado, con nombre propio, que se repite en casi cualquier organización.

Tres motivos por los que autoevaluar el propio departamento jurídico tiene un límite: normalización de la desviación, falta de punto de comparación, y sesgo del mejor que la media.

La socióloga Diane Vaughan le puso nombre: «normalización de la desviación». Lo acuñó estudiando por qué la NASA siguió lanzando transbordadores pese a señales de alerta repetidas — hasta el desastre del Challenger, en 1986. El mecanismo es simple: si una práctica de riesgo no provoca un desastre inmediato, deja de sentirse como alarma. Pasa a ser «cómo funcionan aquí las cosas».

En un departamento jurídico, la versión cotidiana tiene otro nombre: un martes cualquiera. Si llevan meses cerrando expedientes a urgencias, apagar fuegos ya no es la anomalía. Es la rutina. Y lo que es rutina, desde dentro, es casi imposible verlo como problema.

El segundo obstáculo es más simple: no hay con qué comparar. Por eso existen encuestas como la ACC Chief Legal Officers Survey — más de 1.000 Chief Legal Officers entrevistados este año, en 43 países — junto con la Law Department Management Benchmarking Survey de ACC y Major, Lindsey & Africa.

Sin un instrumento así, un departamento jurídico solo tiene una referencia: su propia historia. Y contra la propia historia, casi todo parece razonable.

El tercer obstáculo es el más difícil de superar desde dentro. Dunning y Kruger, al estudiar la autopercepción del desempeño, encontraron algo muy sólido: el sesgo del «mejor que la media». La mayoría se valora por encima de la media — algo matemáticamente imposible para la mayoría.

No es que nadie mienta al autoevaluarse. Es que juzgar con distancia una decisión propia — o cuestionar un despacho externo que uno mismo eligió hace años — es estructuralmente difícil. Es juez y parte. Sin mala fe de por medio.

Un cuestionario de autodiagnóstico, como el que puede descargar en mboadalegal.com/auditoria-360, sigue siendo un buen primer paso: obliga a poner en negro sobre blanco preguntas que rara vez se formulan en voz alta. Pero por estos tres motivos, tiene un límite estructural. Por eso la fase ASSESS de MBoada Legal 360 no sustituye esa autoevaluación —la complementa con una mirada externa, sin el sesgo de lo ya normalizado, con comparación real frente a otros departamentos, y sin ser juez de las propias decisiones.

Si ya ha hecho el autodiagnóstico y quiere contrastar el resultado, o si prefiere saltarse ese paso y hablar directamente, la conversación inicial no compromete a nada.

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