Del 5 al 7 de octubre de 2026, Madrid acogió el GLTHDAY, uno de los grandes encuentros de LegalTech, con más de 70 ponentes hablando de inteligencia artificial y del futuro de la abogacía. Siguiendo lo que allí se contó, no pude evitar mirar hacia atrás y recordar el camino que hemos recorrido los abogados que nunca imaginamos que nuestro trabajo, hecho de leyes, artículos, procesos y burocracia, iba a cambiar de forma tan drástica.
Y, a la vez, pensé en algo que me parece más valioso todavía: haber vivido ese tránsito desde dentro es lo que hoy permite evaluar con criterio los pros y los contras de la nueva organización del trabajo. Quien solo conoce la herramienta no sabe qué problema resuelve. Quien solo conoce el papel no ve lo que se puede ganar.
Para contarlo, he preparado un pequeño reel en clave de película. Se llama La plantilla.
Acto I. La plantilla
Durante más de 20 años he liderado funciones jurídicas en grandes servicers y fondos de inversión internacionales dedicados al recobro, los NPLs y los activos inmobiliarios. Cuando empecé, el trabajo jurídico de una cartera de deuda giraba alrededor de un documento: la plantilla de Word.
Las demandas se preparaban en masa. Copiar, pegar, cambiar el nombre del deudor, el importe, el juzgado y el domicilio. Revisar. Volver a revisar. Y, aun así, el error se colaba. Un nombre de otro expediente, un importe que no cuadraba o un partido judicial equivocado. Cada error suponía subsanaciones, retrasos y, sobre todo, horas de un equipo muy cualificado dedicadas a algo que no exigía criterio jurídico, sino paciencia.
Acto II. Las notificaciones
Presentar la demanda era solo el principio. Después llegaban las notificaciones, por miles. Cada una con su plazo y cada plazo con su riesgo. La coordinación con los procuradores se hacía a base de correos electrónicos, llamadas y hojas de Excel que alguien tenía que mantener al día a mano.
En 2016, el uso de LexNET pasó a ser obligatorio para los profesionales de la justicia. Fue un paso enorme: lo digital llegó por fin a los juzgados. Pero el volumen también llegó, y más rápido. Digitalizar el canal no significaba, por sí solo, organizar mejor el trabajo.
Acto III. El giro
Hoy el escenario es otro. En un departamento jurídico bien organizado, la demanda se genera a partir de los datos de la cartera, con validaciones automáticas que detectan la incoherencia antes de que llegue al juzgado. Las notificaciones se reciben, se leen, se clasifican y el plazo se calcula solo. Y el equipo ve el estado de todos los asuntos en un cuadro de mando, en lugar de reconstruirlo cada lunes.
Para quien ha vivido el acto I, esto parece magia. Pero no lo es. Es organización del trabajo con buena tecnología detrás.
LegalTech en NPLs: pros y contras de la nueva organización del trabajo
Precisamente por haber vivido las dos etapas, creo que conviene mirar la automatización sin entusiasmo ciego y sin miedo.
Lo que se gana:
- Consistencia. Si el dato es correcto, la demanda sale correcta. El error de copiar y pegar desaparece.
- Control de plazos. Los vencimientos dejan de depender de que alguien actualice una hoja a tiempo.
- Trazabilidad. Se sabe quién hizo qué y cuándo, algo esencial cuando se gestionan carteras con miles de expedientes.
- Tiempo para pensar. El equipo jurídico puede dedicar sus horas a lo que de verdad exige criterio: la estrategia procesal, los asuntos complejos y la negociación.
Lo que hay que vigilar:
- El error se multiplica. Un fallo en la plantilla automática o en los datos de origen ya no afecta a una demanda, sino a cientos a la vez.
- La calidad del dato. La automatización es tan buena como la información que recibe. Sin datos limpios, solo se hace más rápido el desorden.
- La pérdida de oficio. Si los perfiles jóvenes nunca redactan ni revisan, ¿quién detectará mañana lo que la máquina hace mal?
- La confidencialidad. Las carteras contienen datos personales y financieros, y cada herramienta nueva es una pregunta de protección de datos que hay que responder antes de implantarla.
- La herramienta sin proceso. Comprar tecnología sin rediseñar el trabajo suele acabar en una licencia cara y un equipo frustrado.
Primero el problema, luego la herramienta
Esa fue, para mí, la idea más valiosa del GLTHDAY 2026. Varios ponentes coincidieron en que la tecnología no se adopta empezando por la herramienta, sino por un problema concreto, y en que el éxito depende de rediseñar procesos, generar confianza y acompañar al equipo. También se insistió en formar a los perfiles jóvenes para revisar con espíritu crítico lo que produce la inteligencia artificial.
Lo comparto por completo. La protagonista de esta historia no es la máquina, sino el criterio jurídico que decide qué automatizar, cómo y con qué controles.
Ese es el enfoque de MBoada Legal 360: primero, un diagnóstico de cómo trabaja su departamento jurídico (volumen, tiempos, cuellos de botella, reparto entre el equipo interno y los despachos externos). Después, y solo después, la tecnología que tiene sentido para usted.
¿Su departamento jurídico sigue en el acto I? Escríbame y lo hablamos.
Fuente sobre el GLTHDAY 2026: Empresa Exterior.